dra uribe filosofia

Dra. Mónica Uribe Flores
Departamento de Filosofía,
División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Campus Guanajuato,
Universidad de Guanajuato

El hecho de que algunas cosas nos parezcan bellas ¿nos define como humanos? La capacidad para reconocer, contemplar y disfrutar la belleza recibió una atención creciente a lo largo del siglo XVIII, de tal suerte que, hacia mediados del siglo, la reflexión sobre la belleza y el gusto fue identificada en Alemania como una nueva disciplina filosófica, conocida hasta nuestros días como Estética. Ya desde las primeras décadas del siglo, pensadores británicos reformularon conceptos que adquirían una significación nueva, a través de una discusión viva en torno al gusto, la imaginación, las cualidades estéticas y la valoración del arte. El reconocimiento de una sensibilidad estética fue entonces crucial para conformar una concepción amplia de las condiciones, posibilidades, inclinaciones y deberes humanos.

Mi estudio sobre la estética en la Ilustración británica pretende encontrar las respuestas que dieron los escoceses, ingleses e irlandeses ilustrados a tres preguntas fundamentales: ¿Qué hace posible la percepción y disfrute de la belleza? ¿En qué consiste la belleza? ¿Qué es lo característico de la experiencia estética?

Los pensadores y filósofos británicos, como Joseph Addison, Francis Hutcheson o David Hume, identificaron que el reconocimiento y disfrute de la belleza requería de alguna facultad diferente de los sentidos y de la razón misma; sin embargo, aun cuando diferenciaron las esferas intelectual, moral y estética, concibieron el ejercicio de las facultades humanas como un hecho integral, de modo que la reflexión sobre lo bello y el peculiar placer que nos provoca fue decididamente incorporada al estudio de la naturaleza humana.

El pensamiento ilustrado que se desarrolló a lo largo del siglo XVIII propuso un modelo de hombre capaz de pensar por sí mismo, deseoso de encontrar el conocimiento, dispuesto a actuar libremente y a forjarse como persona y ciudadano de fiar, a la vez que formado por su sensibilidad hacia la naturaleza y las artes. Sin duda, la racionalidad dominó la escena ilustrada en términos teóricos y prácticos, pero la filosofía de la época no está exenta de una sensibilidad delicada, no utilitaria e incluso decidida a salvaguardar el lugar de la contemplación de la naturaleza y las obras artísticas sin fines prácticos inmediatos.

Me es de particular interés el estudio del gusto y la imaginación como capacidades estéticas, cuya formulación puede encontrarse en los ensayos de Addison, Hutcheson, Hume, Burke o Gerard. Estoy convencida de que, a casi tres siglos de distancia, la discusión sobre la sensibilidad desinteresada, con sus elementos de afectividad, creatividad y placer, constituye una temática actual y relevante en el esfuerzo por comprender qué significa ser humanos.

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