dr ricardo contreras

Dr. Ricardo Contreras Soto
Departamento de Estudios Culturales, Demográficos y Políticos,
División Ciencias Sociales y Administrativas,
Campus Celaya-Salvatierra,
Universidad de Guanajuato

En las hojas milimétricas de la vida urbana que se trazaron en distintas épocas los mapas, los agebs, las coordenadas, las medidas, los sentidos, en percepción remota, bajo el cálculo de cuartas de la mano, de los codos, de los pies, estimando distancias y proximidades, en ellas, calles, avenidas, baldíos, zonas de paso, casas, otro tanto de circuitos y redes de electricidad, tuberías de agua, drenaje y cables, líneas de hilo cáñamo o de cal sobre la superficie, son para, en tierra, trazar lo que sigue…

Quien la habita sigue sus rutas, no hay otro camino, no hay otra puerta, los flujos de circulación orientan y obligan al traúsente a caminar por la circulación preestablecida, a ver por los espacios, a vivir como se diseñó o apropiarse del diseño para imponer otros usos relativos. Debajo de la tierra hay otra historia, su ausencia y presencia son las oleadas históricas de presencias o de otras vidas expuestas por la biología y la geología; debajo de las placas está el secreto, que en algunas partes se optimizó en el subsuelo con transporte.

En las calles y pasillos uno deambula, muy seguido camina sin sentido más por inercia; el ritmo de los pasos lo impone el ritmo de la ciudad. Otras veces se pierde uno cuando se está consciente, resistiendo a los empujones de los que vienen atrás y chocan con nuestras espaldas, muy difícilmente se puede hacer para otro lado, seguir otro sentido, detenerte y disfrutar en los sin lugares; también es cierto que hay rincones como ese lugar propio que se expropió en la posesión momentánea, dónde se siente un poco de calor, de intimidad, puede ser una banca del parque, un cuarto, un pedazo de pasto en el jardín, una piedra en el baldío, una sombra de un árbol o pared o un rincón en la azotea, que a pesar del ruido existe un relativo silencio necesario. Los niños son más creativos en ese tipo de micro expropiaciones temporales del espacio para el juego. Las rutas de las ciudadanías son distintas y de diferentes maneras, hay lugares comunes y circuitos restringidos por ejemplo, distintas máscaras sociales, caminan en peregrinaciones disímiles, de vez en cuando, en la ciudad que rompe con la monotonía y se hace la fiesta, se decora, se transita o usa de diferente manera el espacio, el territorio tiene vida.

Es curioso, que la moralidad se manifieste en la manera en que emerge la materialidad, por ejemplo, los permisos de construcción, en los moches y la corrupción que cobraron víctimas en socavones y temblores, en seguros, en grietas de casas y cimientos (que si mienten), casas que se caen, pisos de edificios que se tambalean y colapsan, en paredes y techos que se habitaban, ahora lozas temporales que sepultan a la gente, en mentiras oficiales que se benefician con el beneficio de la solidaridad. En este reino milimétrico, vivimos.

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