dr jose maria masque

Dr. José María Masqué Saumell
Departamento de Astronomía,
División de Ciencias Naturales y Exactas,
Campus Guanajuato

La perspectiva de la humanidad en el Universo ha cambiado drásticamente durante los últimos siglos, pasando de ser el centro del Universo a habitar un planeta común deambulando por la inmensidad del Cosmos.

Y, sin embargo, ese planeta común y corriente ha sido capaz de desarrollar vida…¿lo hace esto especial? Hallazgos recientes apuntan que no: hoy en día ya se llevan detectados alrededor de 4000 exoplanetas, algunos de ellos potencialmente habitables, sugiriendo que la existencia de estrellas con sistemas planetarios es habitual. Además se ha descubierto la presencia de agua, azúcares e incluso moléculas prebióticas en el medio interestelar. Si estos requisitos para la vida se cumplen en muchos lugares de la Galaxia, esta debería estar repleta de vida y, en algunos casos, de civilizaciones inteligentes.

No obstante, hasta la fecha no existe contacto con ninguna raza inteligente que, deliberadamente o por error, nos haya enviado ningún tipo de señal. A esta aparente contradicción se la conoce como la paradoja de Fermi, formulada por el físico Enrico Fermi mediante la pregunta ¿Dónde está todo el mundo?

Las múltiples explicaciones propuestas para esta paradoja se clasifican en dos grupos generales: las que suponen que no existen civilizaciones más desarrolladas que la nuestra; las que asumen que existen civilizaciones muy avanzadas pero que por alguna razón no han contactado (aún) con nosotros.

Navegar entre el abanico de explicaciones del primer grupo resulta escalofriante: parte de la premisa de que cuando una especie alcanza un cierto grado de desarrollo se extingue por autodestrucción o por algún evento catastrófico casual.

La crisis de los misiles de Cuba durante la guerra fría o la extinción de los dinosaurios evidencian la primera y la segunda posibilidad, respectivamente.

Las posibles explicaciones del segundo grupo tampoco son alentadoras. Si consideramos los avances de la humanidad en los últimos mil años, y los comparamos con el nivel de avance de una hipotética civilización que lleva existiendo miles de millones de años, período consistente con la edad del Universo, es probable que esta civilización extremadamente desarrollada no tenga ningún interés en conocernos. Esta cuestión es similar a preguntar si el lector ha considerado la existencia de la población bacteriana de la suelas de sus zapatos mientras lee este artículo.

Otra explicación es que las civilizaciones con más conocimiento saben perfectamente de los peligros de otras razas hostiles y evitan enviar señales que las hagan visibles. Según la reflexión de Stephen Hawking: ‘el contacto extraterrestre sería muy similar a la llegada de Cristóbal Colon a América’, algo que, recordemos, no fue muy bueno para los indígenas.

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