dr miguel angel guzman

Dr. Miguel Ángel Guzmán López
Departamento de Historia,
División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Campus Guanajuato,
Universidad de Guanajuato

Cuando Heródoto de Halicarnaso empleó el término ‘historia’ (Ιστορία) en su obra homónima, cuyo ejemplar conocido más antiguo data del año 430 a. C., el vocablo no hacía referencia a la disciplina académica que conocemos hoy en día. Tampoco tenía que ver con el acaecer de los acontecimientos en el tiempo. La expresión entonces tenía el sentido literal de ‘investigación’ o ‘exploración’, o bien ‘indagación’.

Si nos apegáramos a dicha usanza diríamos que ‘historia’ e ‘investigación’ son sinónimos, pero en la actualidad no ocurre esa implicación inmediata. Si bien sabemos que el conocimiento histórico se genera mediante un proceso de investigación, no concebimos que la investigación sea una práctica privativa de la historia, y relacionamos la expresión prácticamente con toda práctica científica.

Pero así se pierde un matiz importante que era probablemente mejor distinguido entre los antiguos pensadores griegos: que al conocimiento se puede acceder por diferentes vías como la especulación, la experimentación, y la indagación. Hoy se emplea el término ‘investigación científica’ de forma muy abarcante, pasando por alto la distinción mencionada, pero la realidad es que las prácticas que se realizan hacia dentro de las diferentes ciencias y disciplinas para la generación del conocimiento varían entre ellas. Dichas diferencias no solamente se explican dependiendo del objeto de estudio al que se esté poniendo atención, sino que incluso constituyen parte fundamental de su fundamento epistemológico.

En el caso de la Historia, referida ahora como la actual ciencia o disciplina académica encargada de estudiar y dar cuenta del pasado de las sociedades humanas, la indagación sigue constituyendo el fundamento de su saber: toda afirmación que un historiador realiza se encuentra cimentada no en la realización de un experimento ni en la acción especulativa, sino en la referencia que proporcionan sus fuentes de información. Dichas fuentes deben entonces estar disponibles en todo momento, localizables, para que quien quiera demostrar lo que se ha afirmado sobre el pasado pueda constatar en qué se sostiene dicha aseveración.

Es importante considerar la importancia que tienen los acervos históricos no solamente como elementos de importancia patrimonial sino como fuentes para la investigación histórica susceptibles de pérdida por diferentes causas (robo, deterioro causado por el tiempo, poco cuidado en su manejo), puesto que una vez desaparecidas no habrá manera de que el historiador recupere aquello que les permita a otros constatar lo enunciado.

Por lo anterior se puede concluir que los elementos que constituyen el patrimonio histórico de las sociedades tienen una gran importancia para ciencias y disciplinas como la historia, que basan su conocimiento no en la repetición experimental sino en la disponibilidad de la referencia, y que por tanto se debe estar advertido de este valor, más allá del que puedan tener en términos monetarios y estéticos. Cuidar el patrimonio nos ayuda a cuidar el conocimiento científico que contiene de manera activa o potencial.

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