dr gustavo.niz quevedo

Dr. Gustavo Niz Quevedo
Departamento de Física,
División de Ciencias e Ingenierías,
Campus León,
Universidad de Guanajuato

Imaginemos ser sordos y oir por primera vez… Así fue el sentimiento al anunciar la primera detección de ondas gravitacionales el 11 de febrero de 2016. El evento llamado GW150914 (del inglés "Gravitational Wave" y el día de la observación: 14-Sep-2015) mostró por primera vez las ondulaciones del espacio-tiempo. La colisión de dos hoyos negros con 30 masas Solares a 12,300,000,000,000,000,000 kilómetros de la Tierra produjo una señal que llegó a la Tierra 1 mil 300 millones de años después.

El camino para su detección fue largo, tenaz y contradictorio. Comenzó con su predicción por Einstein en 1916, quien años después dudó de su existencia. En los cincuentas, el coraje de Joseph Weber lo llevó a construir detectores llamados de barra; y en los 70’s, anunció su detección pero la señal nunca fue comprobada. También en esa década, Russell Hulse y Joseph Taylor descubrieron la disminución en la órbita de rotación de dos estrellas de neutrones (pulsares). Los datos ajustaban perfectamente el cáculo de emisión de ondas gravitacionales, galardonando a Hulse y Taylor con el Nobel de Física en 1993.

Por otro lado, gracias al primer impulso de Weber surgieron diferentes detectores en Estados Unidos y Europa, cuya transferencia de tecnológica de unos a otros resultaron en la gran detección del 2015. Dos años más tarde, en 2017, un segundo Nobel al área lo recibirían Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish. El primero por el diseño original del interferómetro LIGO (acrónimo de Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), el segundo por co-fundar LIGO y sustentar los cálculos teóricos, y el tercero por llevar el experimento a una gran organización con metas específicas para lograr el éxito.

¿Y qué son estas ondas? El espacio tiempo podemos imaginarlo como una manta invisible, donde las ondas gravitacionales serían simples agitaciones que agrandan y estrechan el espacio entre objetos al pasar por ellos. Estas diferencias en distancias fueron captadas por los 2 detectores de LIGO, que pueden medir variaciones en 4km correspondientes a una milésima del tamaño del protón, tecnología que no tiene paralelo. Paradógicamente, la primer señal ocurrió cuando realizaban pruebas; 4 días antes de la apertura oficial.

Pero la verdadera historia apenas comienza; una nueva astronomía ha comenzado y científicos de la UG pertenecientes a la Red Conacyt de Ondas Gravitacionales, junto a otros científicos mexicanos por el mundo, nos hemos sumado al estudio de la Naturaleza escuchando al Universo.

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