dr abel ulloa

Dr. Abel Rubén Hernández Ulloa
Departamento de Educación,
División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Campus Guanajuato,
Universidad de Guanajuato

En el año de 1754 la Academia de Dijon, dirigida muy probablemente por hombres de buenas conciencias y preocupados por asuntos muy relevantes para la recién inaugurada época moderna, convocó a un concurso de ensayos para que se diera respuesta a la pregunta: “¿Cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres, y si es respaldada por la ley natural?”

En respuesta a dicha convocatoria Jean-Jacques Rousseau se dio a la tarea de escribir su Discours sur l'origine et les fondements de l'inégalité parmi les hommes (Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres). Lo que Rousseau plantea, en ese discurso, es que la desigualdad es resultado de una compleja organización social que permite a algunos adueñarse de recursos que deberían ser compartidos por todos los ciudadanos.

La situación de la humanidad previa a la organización social habría sido más armónica con la naturaleza, los recursos habrían sido compartidos pues no existían aún las condiciones sociales para que alguien se pudiera sentir su propietario. En una palabra, la organización social era la responsable de la desigualdad entre los hombres (hoy debemos sustituir el término por la palabra humanidad para quitar la fuerza patriarcal de la época). Quizá los hombres (y aquí quizá sí sea conveniente pensar que eran únicamente hombres) de la Academia no querían escuchar precisamente ese argumento, pues es mejor justificar la desigualdad cuando es explicada como un fenómeno natural, y Rousseau no ganó el concurso.

Años más tarde Rousseau escribió su famoso “Contrato Social” y allí presentó un argumento muy diferente, en el que defendía lo valioso que era la organización social puesto que le permitía a la humanidad gozar de derechos ciudadanos fundamentales, como la libertad. Surge así la propuesta de compartir, de manera solidaria, la responsabilidad común para guardar la integridad de cada ciudadano y que cada persona sea considerada como la célula viva que dará sentido al tejido social. Surge así la organización social respaldada libremente por cada persona que, en su calidad de ciudadana, manifiesta su voluntad para suscribir esa tan esencial ley, la ley que integra y protege tanto al grupo social como al individuo. Ley que promueve la igualdad para que cada persona tenga la posibilidad de ser libre dentro del grupo, garantizando que nadie pueda ir en contra de los derechos de otro ciudadano.

¿En qué medida las dos perspectivas teóricas de Rousseau, sobre la organización social, coexisten en modelos alternativos de desarrollo, que además establecen el sentido de diferentes fines para la educación? En un modelo de organización social se acepta como mal necesario la enorme diferencia en la distribución y el disfrute de los recursos. La ley garantiza que dicha diferencia debe respetarse y que quizá el mérito pueda permitir que quiénes tienen mayores desventajas eventualmente puedan escalar las diferencias sociales, con su esfuerzo y preparación. La preparación escolar deberá principalmente ser útil, desarrollar “competencias” que sirvan para la productividad que requiere el sistema.

La alternativa desde la otra perspectiva de organización social se enfoca en garantizar los derechos de los ciudadanos. Desde esa perspectiva un derecho fundamental es la libertad, que implica la posibilidad de que se garanticen las condiciones mínimas necesarias para que las y los ciudadanos efectivamente puedan elegir las alternativas que consideren valiosas para que puedan desarrollarse como seres humanos. Los recursos deben utilizarse para buscar que las capacidades humanas se desarrollen, incluso aquellas que únicamente tienen sentido por las posibilidades de ser creativos y generar belleza. Es la alternativa educativa en la que la música, la poesía, las letras, la filosofía, en una palabra, las humanidades tienen gran valía porque lo que se busca no es únicamente que la educación sirva para generar recursos, sino debe que servir al desarrollo humano.

Es tiempo de reflexionar sobre qué modelos de sociedad estamos siguiendo para plantear las propuestas de nuestros modelos educativos. De forma recíproca debemos replantear qué estamos educando para construir el tipo de sociedad en la que anhelamos vivir.

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