dr ruben ramirez

Dr. Rubén Ramírez Arellano
División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Campus Guanajuato,
Universidad de Guanajuato

La investigación que se realiza desde la antropología se ha caracterizado por dar cuenta de aquello que nos hace ser humanos a los “seres humanos”. Una de estas condiciones es la migración, lo cual posibilitó el proceso de hominización, una de las tantas estrategias que nos liga a la naturaleza por la búsqueda de mejores condiciones de existencia.

Sin embargo, después de que apareciera el primer homínido hace de 3.2 a 3.5 millones de años y viviendo en lo que actualmente historiadores y científicos sociales llaman el Antropoceno, la organización social que surge en la modernidad eurocéntrica configurada como el Estado-Nación da un paso atrás a la evolución social. Es decir, se realizan pactos que posibilitan la libre circulación de mercancías prohibiendo y negando la movilidad de los seres humanos.

Así, la negación de esta condición humana se teje al tiempo que se deshumaniza a las personas para su explotación hasta provocar su muerte. En este sentido, la antropología devela las condiciones sociales en que se hace posible dar marcha atrás al proceso evolutivo y la supuesta modernidad. Si bien la migración no sólo se da en un tiempo determinado de la historia, sí es ahora cuando se condena a tal medida que ha provocado la muerte de quienes son más vulnerables en diferentes zonas de la tierra, de manera que no resulta casual que esta población en riesgo tenga origen en la periferia de los países en los cuales se concentra el capital. Lo cual muestra la vieja tesis que señala que el desarrollo de unos países provoca o se vale del subdesarrollo de los países de sus zonas periféricas a través de una relación de dependencia que expresa un intercambio desigual de valores.

No se tiene que tomar una postura anticapitalista para saber que el sistema económico provoca la expulsión de la fuerza de trabajo de sus lugares de origen, para alimentar a los ejércitos de reserva de los cuales se sirven las empresas para la mayor y mejor explotación de sus trabajadores ahora en las ciudades. A estas personas no se les garantiza la vivienda, ni el trabajo, ni mucho menos la salud y menos la educación como la justificación del Estado-Nación. Mucho peor, ahora se atenta con el fundamento de su justificación: la seguridad.

Podemos dar cuenta que fenómenos como el secuestro, la trata, violación y posterior asesinato de migrantes no es una excepción, sino más bien la regla de la política migratoria actual. Es notorio a partir de que, al comienzo de la actual administración, se apostó por un tratamiento humanitario a los flujos migratorios, en el que además se dio acompañamiento a las caravanas desde países del Triángulo Norte. Posteriormente y bajo amenazas de elevar las cuotas arancelarias de la producción mexicana que se exporta hacia Estados Unidos, el gobierno de la 4ta Transformación fue más sumiso y mucho menos soberano que antes siendo incluso felicitado por la administración del presidente Trump.

Ahora queda preguntarnos si este giro en materia migratoria nos hace continuar con un libre desarrollo como parte de la evolución moderna de nuestra sociedad, o estamos dando un paso atrás y cayendo en el racismo y xenofobia que nos hace desconocer la política internacional humanitaria que nos había caracterizado no por ser benevolentes, si no por ser congruentes con nuestra soberanía.

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