dr abel ulloa

Dr. Abel Rubén Hernández-Ulloa
División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Campus Guanajuato,
Universidad de Guanajuato

Las decisiones que se realizan hoy en materia educativa están abriendo los horizontes de nuestros futuros posibles. Las decisiones normalmente siguen un modelo que integra de manera compleja los medios y los fines que se persiguen a partir del quehacer educativo. A nivel mundial han privado las decisiones “eficientistas” que buscan desarrollar en los estudiantes las competencias que les permitirán ser productivos en un mercado laboral. Un contraste fundamental es considerar que la razón primordial de la educación es justamente el desarrollo del “potencial de cada vida humana”. Justamente este es el compromiso que desde hace tiempo muchos investigadores educativos han buscado en su quehacer cotidiano. Un ejemplo paradigmático es el dado por Paulo Freire y su compromiso con una educación liberadora, que parte del reconocimiento de nuestra propia vulnerabilidad, de nuestro ser que anhela articularse para ser más, para amar más y para disfrutar del gozo del arte y de la creatividad; reconocer que somos carentes pero que desde la carencia nos podemos encontrar con otros seres humanos y juntos buscar desarrollar nuestras capacidades de encuentro, de amor y de creatividad.

Hay modelos en algunas partes del mundo que se han comprometido con el desarrollo del ser humano y lo valoran por encima del sentido mercantilista de la educación. Por ejemplo, en Noruega la educación es gratuita desde el preescolar y hasta la universidad, los salarios de todos los trabajadores de la nación se encuentran en registros públicos a los que cualquiera puede tener acceso por Internet y también están registrados los teléfonos celulares a los que también se puede acceder de manera pública. Se deben pagar impuestos muy elevados, pero hoy gozan de ser el país con el mayor puntaje en el índice de desarrollo humano de las naciones unidas.

La paradoja está en el sentido de éxito personal que se privilegia en otros países y que han copiado el modelo mercantilista que ha signado la educación en países como EEUU y recientemente el Reino Unido. El costo social de esos modelos es evidente… se ha perdido la libertad social y la viabilidad de una nación que pueda confiar en el respeto a la dignidad de la vida de cualquier persona. La paradoja de la vida en Noruega es que la inversión en el bienestar social permite las posibilidades de desarrollo individual de manera muy superior a las que se tienen en la superpotencia de los EEUU.

Quizá va siendo tiempo de transformar nuestros paradigmas… un buen lugar sería terminar con el sueño narcisista de creerse los merecedores de un poder infinito a costa de lo que sea, y con esto la búsqueda siempre de costo-beneficio en cada decisión que debe tomarse. De una visión así parten las consideraciones utilitarias de todo fin educativo y del sentido de educar a cada persona que es cosificada por sus “competencias”. Por eso es necesario buscar una educación liberadora de las potencialidades de todos. Una educación que surge del encuentro con las y los otros en la búsqueda de desarrollarnos reconociendo aún nuestras mismas limitaciones, nuestra finitud y que aún podemos ser inadecuados pero en el reconocimiento de esa finitud está una riqueza universal. Es aquí done algunas ideas del filósofo Mark Bickhard son oportunas para reflexionar sobre la paradoja de reconocer nuestra finitud:

“La finitud (…) es un aspecto del ser de tod@s. Es más profundamente en mi finitud que yo me siento más diferente, más separado y más inadecuado para otr@s, y aún así es precisamente en mi finitud que yo soy como cualquier otra persona, que yo puedo potencialmente compartir más con otr@s, que puedo estar menos sólo. Es en poseer la debilidad de mi finitud lo que me hace más fuerte, es en aceptar lo ilegítimo de mi finitud lo que me hace más legítimo, es en reconocer que mi finitud me hace infinitamente sin valor lo que me da más valor, es en comprender, aceptar y abrazar lo intrínsecamente inadecuado del contacto humano de mi finitud lo que me hace más humano, más completamente humano y me une más a toda la humanidad.”

Ojalá podamos reencontrar nuestro sentido de vulnerabilidad, pero también de humanidad, para que desde la finitud podamos juntos desplegar el sentido fundamental del anhelo de ser más, de amar más y de ser más creativos para construir otros futuros posibles… futuros de mayor libertad, no para unos cuantos, no para muchos, sino para todas y todos…

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