dr mauro napsuciale

Dr. Mauro Napsuciale Mendívil
Departamento de Física
División de Ciencias e Ingeniería
Campus León, Universidad de Guanajuato

Sin duda hay personas que definen vocaciones, a veces sin darse cuenta, simplemente porque tienen la virtud de sembrar semillitas de suspicacia por acá y por allá. Inquietudes dejadas en forma inocente, al menos en apariencia. Como aquel profesor de Cálculo de la Prepa que solo recuerdo que se apellidaba Ávila, ingeniero civil que había estudiado una maestría ¡en Brasil! Para aquel lejano planeta llamado Los Mochis y en aquella época en que el telegrama era la forma más eficiente de comunicación, Brasil sonaba como al otro lado de la galaxia. “Sobre hiperboloides de revolución”, nos decía presumiendo ufano su tema de tesis.

Al dar clases imitaba a Clavillazo. Jóvenes, ¿cuánto es dos por dos?, nos preguntaba en el mejor estilo del cómico, ¡cuatrooo!, gritaba el coro celestial. ¿Por qué?, volvía a preguntar con socarronería arqueando las delgadas cejas. ¡Zaaas! Dardo clavado en la mera joroba de nuestras certezas, insidioso elixir desprendiendo un vaho venenoso para las ideas preconcebidas. Todos lo mirábamos desconcertados y él no decía nada más. No era necesario, era el profesor y por lo tanto no podía habernos dicho aquello solo por decirlo. ¡Tenía que haber algo mas!

Lo supe mucho después. Dos por dos no siempre son cuatro. A veces es uno más tres, que no es lo mismo. ¿Lo sabría el profesor Clavillazo? Lo dudo, el era -¿es?- ingeniero y esto es una cosa de los físicos. O de los matemáticos que caben en todos lados. Porque esa es la diferencia, el lenguaje. Y para la ciencia el lenguaje es formal y cada disciplina desarrolla lo que requiere. Para la Física, hemos desarrollado diversos lenguajes, desde el Cálculo Diferencial de Newton hasta el Álgebra Lineal, necesaria para entender el mundo a distancias muy pequeñas. Un lenguaje más avanzado y curiosamente más simple se requiere si queremos de verdad entender el mundo de lo muy pequeño, de los átomos para abajo: la Teoría de Grupos. Dos son los grados de libertad que tiene el “espín” del electrón y en el átomo de Helio tenemos dos electrones. En total tenemos cuatro grados de libertad pero resulta que cuando calculamos el “espín” total obtenemos “multipletes” con uno y tres estados. Así que dos por dos es uno más tres para los electrones y por lo tanto para el comportamiento de los átomos. O sea, también para nosotros que al fin de cuentas –textual- estamos hechos de átomos. ¿Lo sabría el profesor Clavillazo? Quizá si, después de todo era 1980 y la Mecánica Cuántica se había establecido cincuenta y tres años antes. Y él había tenido suerte, tenía una gran imaginación y curiosidad y había viajado hasta el otro lado de la galaxia para regresar al planeta Los Mochis. Después de todo, el ingenio no es una cosa de profesiones sino de personas. Él no lo supo -¿lo sabe?- pero aquellas cuentas inocentes marcaron a mi generación. No puedo decir que me enseñó Física, eso vino mucho después y me llevó por el mundo para aterrizar en la Universidad de Guanajuato, pero esa es otra historia. Puedo decir, sin embargo, que me enseñó algo más importante, quizá solo por diversión, solo por ver nuestras caras granulosas transformarse en un gran signo de interrogación; me enseñó que siempre hay algo mas allá de lo que vivimos. Y eso es mucho más importante y, visto en retrospectiva, mucho más simple; como que uno mas uno son dos, ¿o no?.

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