dr arturo gonzalez

Dr. Arturo González Vega
Departamento de Ingenierías Química, Electrónica y Biomédica
División de Ciencias e Ingenierías
Campus León, Universidad de Guanajuato

Seguramente la mayoría de los lectores ha visto y se ha sorprendido de la capacidad que tienen muchos animales para encontrar un escondite y poder sobrevivir al ataque de un depredador o para sorprender a una posible presa. Ejemplos hay muchos: la mantis que asemeja a una varita, el camaleón que es capaz de cambiar su color de piel o el pulpo que incluso cambia la textura de la coloración. Esta es una pequeña muestra del grado de sofisticación que estos animales han adquirido en su proceso de evolución ¡y cómo no!, si en este juego aquel que falla paga con su vida: o se lo comen o se muere de hambre, así de exigente es la naturaleza con los seres vivos.

Pero no solo existen animales que se camuflan de manera visual, los hay aquellos que emiten sonidos de animales peligrosos como el cascabel de una víbora, o plantas que emiten una sustancia parecida a una feromona (sustancia química que emiten algunos seres vivos con fines reproductivos), en fin, las estrategias son variadas.

Si ponemos un poco de atención a las distintas formas que usan los seres vivos para jugar a las escondidas, podremos ver que el truco es disminuir el contraste entre el rededor y quien intenta esconderse. En la mayoría de los ejemplos en que podamos pensar, el individuo se esconde ante uno de los sentidos del depredador o presa, por ejemplo, el molesto mosquito que nos despierta a media noche y que cuando encendemos la luz desaparece; se puede esconder a la vista, pero no al oído, ese sonido molesto contrasta fuertemente con el silencio de la noche. Así, aunque uno de los sentidos (el de la vista) no nos ayuda a descubrirlo, otro de los sentidos (el oído) encuentra una manera de hacerlo. O cuando esa mantis pierde su inmovilidad y comienza a desplazarse rápidamente nos damos cuenta de su existencia porque el comportamiento de esa “varita” contrasta fuertemente con el movimiento natural de una vara verdadera.

Entonces, el secreto de esconderse está en el contraste, si queremos escondernos, más nos vale disminuirlo y si queremos descubrir algo más nos vale encontrar la manera de aumentarlo.

En el descubrimiento de enfermedades como el cáncer, la estrategia es la misma, las células cancerosas se esconden del sistema inmunológico que las mataría si las descubre, pero el contraste entre una célula sana y una enferma es muy bajo ante la forma de detección que utiliza, al no haber muchas herramientas para entrenar al sistema inmunológico para encontrar a las células cancerígenas, entonces tendremos que cambiar de “sentidos” para hallarlas … pero eso es tema para otro artículo.

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