dr marco balleza

Dr. José Marco Balleza Ordaz
División de Ciencias e Ingenierías
Campus León, Universidad de Guanajuato

¿Quién no conoce el famoso libro Frankenstein de Mary Shelley? Lo que si pocos saben es que el nombre completo de la obra es Frankenstein o el moderno Prometeo. En ella, Shelley nos relata la historia de un joven científico suizo, estudiante de medicina, que construye un cuerpo humano a partir de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados, otorgándole vida a través de la aplicación de una potente corriente eléctrica. Cuenta la leyenda, según Isaac Asimov, autor de Yo, Robot, que Shelley se inspiró en los experimentos de Luigi Galvani para escribir el libro que transcendería hasta nuestros días. Galvani descubrió que, aplicado un potencial eléctrico en los nervios de las extremidades de una rana, estas podían moverse. Este hecho no sólo impresionó a Shelley, sino que también a la sociedad en aquella época. Por lo que, la corriente eléctrica se volvió sinónimo de poder.

La impedancia bioeléctrica es una técnica no invasiva cuyas aplicaciones en el campo de la medicina están siendo desarrolladas por investigadores de distintas partes del mundo. Esta técnica basa su principio de funcionamiento en la inyección de una corriente eléctrica, pero no para resucitar muertos, sino para la detección de biopotenciales (o viceversa). Con ambos parámetros, es posible estimar el nivel de oposición al paso de una corriente eléctrica en los tejidos. Las medidas de impedancia no sólo permiten reflejar los cambios de volumen de los tejidos debido al movimiento sino también permiten evidenciar cambios en las estructuras internas de los mismos. Ahora, la impedancia bioeléctrica, haciendo uso del poder de la corriente eléctrica o el potencial eléctrico, es usada en favor de la ciencia médica para monitorizar mecanismos biológicos y detectar diferencias en las estructuras tisulares, como el cáncer.

La impedancia bioeléctrica es el nuevo Prometeo del siglo XXI debido a que las bondades de esta tecnología permiten hacerla accesible a cualquier persona y no sólo eso, sino que también puede ser llevada a cualquier rincón de este mundo. Creo que, si Shelley hubiera vivido en este tiempo, seguramente la impedancia bioeléctrica la hubiera inspirado para escribir una gran obra literaria, como lo fue Frankenstein o el moderno Prometeo. Pero, eso nunca lo sabremos, al menos que este artículo inspire algún lector a escribir una obra literaria de la talla de Mary Shelley.

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