Dra. Yashiro Danahi Cisneros Reyes

Dra. Yashiro Danahi Cisneros Reyes
Departamento de Arte y Empresa
División de Ingenierías Campus Irapuato - Salamanca
Universidad de Guanajuato

 

Cuando se habla de desarrollo económico de un país, muchas veces pensamos en grandes inversiones, empresas multinacionales, tratados comerciales o políticas públicas de gran escala. Sin embargo, una parte fundamental de la actividad económica de México al igual que muchos otras naciones, se encuentra en sus pequeñas y medianas empresas, las denominadas PyMEs. Las PyMEs forman parte de la vida económica cotidiana del país: generan empleo, impulsan negocios familiares, dan identidad a regiones completas y mantienen activa una parte importante del mercado interno. Por eso, reflexionar sobre los beneficios de su internacionalización es un tema importante ya que, por diversos motivos que se irán explicando, puede ser una de las claves para construir una economía mexicana más competitiva, más dinámica y con mayores oportunidades.

Empecemos por aclarar que internacionalizar una PyME no significa únicamente exportar productos. También implica otros retos como aprender a competir en otros mercados, adaptarse a nuevas exigencias, mejorar procesos, conocer otras formas de hacer negocios, cumplir estándares internacionales y desarrollar una visión más amplia de competir tomando como base la experiencia doméstica. En otras palabras, internacionalizarse obliga a la empresa a mirar más allá de su entorno inmediato y a preguntarse qué necesita mejorar para encontrarse a la altura de clientes, competidores y consumidores de otros países.

Si bien exportar de forma directa es una de las alternativas que comúnmente se toman en el proceso de internacionalización, recordemos que una PyME también puede comenzar vendiendo a través de intermediarios, participando en ferias, usando plataformas digitales, formando alianzas o, en etapas más avanzadas, estableciendo presencia en otros países. Lo importante es entender que la internacionalización puede ser gradual y adaptarse al tamaño y capacidades de cada empresa.

Desde mi perspectiva, ahí se encuentra uno de los mayores beneficios de la internacionalización: cuando una empresa mexicana decide competir en el extranjero, necesariamente tiene que elevar su nivel en muchos sentidos. Si quiere vender fuera de México, debe cuidar más la calidad de sus productos, mejorar sus tiempos de entrega, fortalecer su imagen, profesionalizar su administración, cumplir regulaciones, invertir en innovación y entender mejor a sus clientes. Y lo mejor es que todo: esto no sólo le sirve para vender en otros países; también la vuelve más fuerte dentro del propio mercado nacional.

Y es que una PyME que compite internacionalmente aprende a ser más ordenada, más eficiente y más estratégica. Por ejemplo, si una empresa desea exportar alimentos, probablemente tendrá que cumplir normas sanitarias, certificaciones, requisitos de empaque, trazabilidad y controles de calidad a los que no estaba acostumbrada. Aunque al principio esto puede parecer complicado o costoso, con el tiempo se convierte en una ventaja. Esa empresa ya no compite solamente por precio, sino por calidad, confianza y capacidad de respuesta. Esto mejora su posición frente a otros competidores y le permite acceder a mercados más exigentes y, en muchos casos, mejor pagados.

Por otra parte, la internacionalización también puede ayudar a que las PyMEs mexicanas dependan menos de un solo mercado. Muchas empresas pequeñas viven sujetas a las condiciones de su ciudad, su estado o su región. Si baja la demanda local, si aumenta la competencia o si cambian las condiciones económicas, su estabilidad puede verse afectada. En cambio, cuando una empresa logra abrirse camino en otros mercados, diversifica sus fuentes de ingreso. Esto no elimina los riesgos, pero sí puede reducir la vulnerabilidad y darle mayor margen de crecimiento.

Entonces, cuando una PyME se internacionaliza, no solo gana la empresa; también puede ganar el país. Una empresa que exporta genera mayores ingresos, mantiene empleos, e incluso puede contratar más personal, demanda servicios de transporte, logística, empaque, diseño, tecnología, asesoría legal, comercio exterior y financiamiento. Es decir, alrededor de una empresa internacionalizada pueden activarse muchas otras actividades económicas. De esta manera, la internacionalización tiene un efecto multiplicador: fortalece a la empresa, pero también puede beneficiar a proveedores, trabajadores, comunidades y regiones.

Considerando que México tiene una posición estratégica importante por su cercanía con Estados Unidos de América, su red de tratados comerciales, su experiencia manufacturera, su riqueza agroalimentaria, su talento humano y su diversidad productiva es indiscutible que en conjunto de estos elementos pueden abrir oportunidades para muchas PyMEs. Sin embargo, tener oportunidades no significa saber aprovecharlas automáticamente. Para que una PyME pueda salir al mundo, necesita información, acompañamiento, financiamiento, capacitación y una visión empresarial de largo plazo.

Muchas veces, las PyMEs mexicanas tienen buenos productos, pero no siempre cuentan con las herramientas para internacionalizarse. Algunas no conocen los requisitos para exportar; otras no saben cómo identificar mercados; algunas tienen dificultades para financiar certificaciones o adaptar sus procesos; otras no dominan idiomas o carecen de contactos comerciales. Por eso, impulsar la internacionalización de las PyMEs no debe verse como una responsabilidad exclusiva del empresario; también requiere instituciones públicas, universidades, organismos de promoción, cámaras empresariales y redes de colaboración que acerquen conocimiento y acompañamiento.

En este sentido, las universidades también tienen un papel importante. Desde la academia se puede contribuir con estudios de mercado, diagnósticos empresariales, capacitación, asesoría en comercio internacional y formación de talento. Los estudiantes y profesores pueden acercarse a las empresas para ayudarlas a entender sus posibilidades de crecimiento. Y es que la internacionalización no debe quedarse como un concepto lejano o reservado para las grandes corporaciones; debe convertirse en una posibilidad real para más empresas mexicanas.

Otro aspecto importante es que competir en el extranjero cambia la mentalidad empresarial. Una PyME que se atreve a mirar e incursionar en otros mercados comienza a pensar de manera más estratégica. Se pregunta qué la hace diferente, cuál es su propuesta de valor, qué necesita mejorar y cómo puede construir relaciones comerciales más sólidas. Este cambio de mentalidad es valioso porque impulsa la innovación. La empresa deja de conformarse con vender como siempre lo ha hecho y empieza a buscar nuevas formas de crear valor.

Por supuesto, internacionalizarse no es fácil ni debe idealizarse. Existen riesgos: costos logísticos, barreras comerciales, diferencias culturales, variaciones en el tipo de cambio, requisitos legales y competencia intensa. No todas las empresas están listas para exportar de inmediato. Algunas primero necesitan fortalecer su administración, mejorar su calidad, formalizar procesos o consolidar su presencia en el mercado local. Pero precisamente por eso, la internacionalización debe entenderse como un proceso gradual, no como un salto improvisado.

Ahora, lo importante es que más PyMEs mexicanas comiencen a verse a sí mismas como empresas con potencial de competir más allá de sus fronteras. No se trata de que todas exporten de inmediato, sino de que todas puedan mejorar su competitividad pensando con una visión más amplia. Incluso una empresa que todavía no exporta puede prepararse para hacerlo: mejorar su producto, ordenar sus finanzas, profesionalizar su marca, conocer a sus clientes, digitalizar procesos y buscar alianzas, y eso ya es en sí mismo un cambio de paradigma.

En conclusión, la internacionalización de las PyMEs puede ser un verdadero motor de desarrollo económico para México. No sólo porque permite vender más, sino porque impulsa a las empresas a mejorar. Competir en el extranjero eleva los estándares, impulsa la innovación, fortalece capacidades y genera aprendizajes que también benefician al mercado interno. Un país con PyMEs más competitivas es un país con más empleo, más productividad, más oportunidades regionales y mayor capacidad para insertarse en la economía global.

México necesita grandes empresas, sin duda, pero también necesita PyMEs fuertes, preparadas y con visión internacional. Apostar por ellas es apostar por un desarrollo económico más incluyente, más equilibrado y más cercano a la realidad productiva del país. Internacionalizar a las PyMEs no es solamente abrir mercados; es abrir posibilidades para que México crezca desde la base de su propia economía local.

 

Fecha de publicación: 29 de junio de 2026.

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