
Guanajuato, Gto., a 22 de agosto de 2026.- Los ritmos mexicanos se encontraron con las melodías europeas en el concierto que la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) ofreció en el Teatro Juárez titulado “Justicia y ritmo: la fuerza de las leyes y los sonidos”.
Bajo la batuta del maestro Juan Carlos Lomónaco, la velada comenzó con Redes, suite de Silvestre Revueltas, obra compuesta entre 1934 y 1935, presentada con el arreglo de Erich Kleiber de 1943.
La música llevó al público al universo de la película Redes, ambientada entre pescadores de Alvarado y Tlacotalpan, y la ribera del Papaloapan en Veracruz. Desde los primeros compases, la interpretación evocó la intensidad de la vida de los trabajadores del mar y el carácter dramático de una historia de la lucha, la pérdida y la búsqueda de justicia.
La suite estuvo integrada por las siguientes secciones: “Los pescadores”, “Funeral del niño”, “Salida a la pesca”, “Lucha” y “Regreso de los pescadores con su compañero muerto”, en cuyo desarrollo la OSUG destacó los contrastes de la partitura con la trompeta y los pasajes de los metales, hasta la fuerza rítmica de las cuerdas y la percusión.
Este programa se presentó también como el inicio de la celebración del aniversario número 200 de la Licenciatura en Derecho de la Universidad de Guanajuato, y contó con la participación del Director de la División de Derecho, Política y Gobierno, Dr. Leandro Eduardo Astraín Bañuelos, quien enfatizó la relevancia de vincular la música con la historia de los estudios jurídicos en la Casa de Estudios.
En este sentido, recordó que la formación jurídica en la institución tiene como antecedente la denominada “Carrera del Foro”, considerada el primer antecedente de la actual Licenciatura en Derecho. Bajo esa perspectiva, la selección de Redes, de Silvestre Revueltas, adquirió un significado especial al abordar, desde la música y el lenguaje cinematográfico, una historia de comunidad, desigualdad, conflicto y búsqueda de justicia.
Posteriormente, la orquesta interpretó Tres piezas para orquesta, de José Pablo Moncayo, compuestas en 1947. El recorrido continuó con Feria, Canción y Danza, piezas que mostraron diferentes facetas del compositor mexicano. La primera destacó por su carácter enérgico; la segunda ofreció un momento más lírico, mientras que la tercera cerró este bloque con un ritmo más vivo y marcado.
Después del intermedio, la OSUG retomó el escenario con una de las obras más reconocidas del repertorio clásico: la Sinfonía núm. 7 en la mayor, de Ludwig van Beethoven. La obra, compuesta entre 1807 y 1812, condujo al público por cuatro movimientos: “Poco sostenuto”, “Vivace”, “Allegretto”, “Presto”, “Assai meno presto” y “Allegro con brio”.
La interpretación de esta obra cerró el concierto con una energía que contagió al público e hizo eco en el recinto con una lluvia de aplausos.









